Sister Corita, la monja que también fue artista pop y activista
Su primer enfrentamiento con la Iglesia Católica se produjo cuando tenía cinco años y aún no había adoptado su nombre de novicia. El profesor de catequesis de Frances Elizabeth Kent la expulsó de clase por enunciar una inocente pero molesta pregunta: "¿Es que María nunca se ríe ni regaña a su hijo?". Ese intento de humanizar a la mujer que según la Biblia gestó, parió y educó a Jesucristo define bastante bien la personalidad de la artista que 12 años más tarde se bautizaría como Sister Corita, en castellano la hermana 'corazoncito'.
Conocida popularmente como 'la monja pop', la figura de Corita se ha empezado a reivindicar desde hace algunos años desde el mundo del arte para ponerla en el lugar que le corresponde. La editorial Gustavo Gili publica ahora en castellano, traducido por Darío Giménez Imirizaldu, una suerte de manual de enseñanza escrito por su alumna Jan Steward y la propia artista titulado Observar, conectar, celebrar. Las enseñanzas sobre la creatividad de Sister Corita. Un empujón más para dar luz a su persona.
Para entender la figura de esta mujer peculiar -como la de cualquiera, en realidad- hay que tener muy en cuenta el espacio y el tiempo en el que le tocó vivir. Nació el 20 de noviembre de 1918 en Iowa (Estados Unidos), en el seno de una familia de clase obrera, irlandesa, católica y muy numerosa: ella fue la quinta de seis hermanos. Con estos antecedentes, el que Frannie acabase tomando los votos no es de extrañar.
Al cumplir la mayoría de edad ingresó en el convento del Inmaculado Corazón de María, adoptó el nombre con el que se acabaría siendo famosa y tuvo su primer trabajo como docente en Canadá. Afortunadamente para ella y para sus futuros alumnos, su mentora Maggie la animó a que estudiase Bellas Artes en el propio organismo educativo de la orden, el famoso Immaculate Heart College de Los Angeles.
La congregación estaba compuesta por monjas progresistas que, desde principios del siglo XX, se dedicaron a la enseñanza. Algunas de las hermanas fueron pioneras en profesiones tradicionalmente ejercidas solo por hombres y muchas de sus estudiantes acabaron siendo profesionales de renombre en su campo. A mediados de siglo, la institución tenía impecable reputación en el ámbito educativo aunque no tanto en el eclesiástico, poco abierto a la innovación y menos si estaba impulsada por mujeres.








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